POR LA ALAMEDA

Una sección de Lola Fernández Burgos
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SOL Y NIEVE


Hay que ver cómo cunde el tiempo: ya han llegado la primavera y el consiguiente cambio horario, y aún brillan bajo los rayos del sol las últimas nieves en la Sagra, al norte; y en la Tetica de Bacares, el Calar de los Sapos, el Calar Alto, y Santa Bárbara y sus montañas hermanas, al sur. Ha sido nombrar el Calar Alto y venirme a la cabeza la ínfima inversión de España en la Investigación, ese I+D que queda tan políticamente correcto como lo del desarrollo sostenible y esas cosas tan nombradas cuando interesa, como ignoradas siempre. Me parece increíble que un país no apoye a sus científicos, pero la triste realidad es que aquí importan tan poco la ciencia como la cultura. Y no se me ocurre una postura social más insensata que la de dar la espalda a quienes se les debería facilitar su trabajo, tanto como escucharles atentamente. La ciencia busca respuestas que son soluciones para los problemas del mundo en su globalidad, y todos sabemos lo esenciales que han ido siendo sus descubrimientos para nuestra especie y para el planeta en el que vivimos en su conjunto. Mas ello no obsta para que nuestros científicos, esos hombres y mujeres entusiastas y sabios, padezcan más que vivan una lamentable situación laboral, siempre a lomos de la precariedad y el abandono, con un futuro asentado sobre pilares tan frágiles como el cristal, con la amenaza de que lo malo puede ser aún peor. Lamentable y que dice mucho del alcance humano e intelectual de quienes deciden en esto; tan mal, por cierto, como en casi todo. Sin embargo, nada me va a evitar el placer de ver brillar algunas de las cúpulas de los telescopios del Observatorio, bajo cambiantes paisajes de nubes que a la noche se convierten en espectáculos siderales. Es lo que tiene la vida, que por mucho que quieran fastidiárnosla, es tan fascinante que no nos dará tiempo de disfrutarla por completo.

     Así que me deleito con el blanco soleado de las cumbres. Sol y nieve, como en la capital, con una de esas definiciones que realmente identifican a una ciudad. ¿Qué diferencia a Baza en algo exclusivo y que nos la traiga de inmediato a la mente, visualmente, nada más nombrarla? ¿Qué lema o frase podríamos elegir para ella, más allá de que exista ya alguno oficial, más o menos publicitado, si es que lo hay? Seguro que tendríamos que pensar necesariamente en la Dama de Baza y en Cascamorras, pero ¿sería muy diferente Baza sin un pasado íbero, o si Juan Pedernal no se hubiera encontrado la talla de una virgen picando? Cada quién tendrá su opinión, pero a mí me parece que aunque un pueblo sea un conjunto de muchos elementos, algunos de éstos son más bien integrantes de su acervo cultural, aunque no descriptivos de su esencia. Habría que pensar en algo que existiera y cohabitara desde el mismo origen de nuestra ciudad. ¿Qué han encontrado desde siempre las mujeres y hombres de Baza, idéntico con el transcurso de los siglos, con independencia del momento histórico y de la sociedad de cada época? Uf, un tema interesante, pero me van a disculpar si lo dejo para la reflexión personal de cada cual, que en esto, como en tantas cosas, para gustos los colores.