POR LA ALAMEDA

Una sección de Lola Fernández Burgos
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CUANDO UN BOSQUE SE MUERE


Los bosques y sus arboledas, las sierras y los montes son jardines naturales, y como tales hay que cuidarlos y protegerlos para poder disfrutarlos. Las crecientes plagas en los pinares de la Sierra de Baza son un grave peligro que hay que atajar de todas las formas posibles y cuanto antes, pues seguir su proceso y dar charlas informativas es algo necesario, pero no acaba en modo alguno con la voracidad de sus causantes, ni con la rapidez con que se transmiten y van incrementando el número de árboles infectados. Cuando un bosque se muere, también lo hace algo que nos pertenece a lo largo del tiempo, y se ven seriamente afectadas la fauna y la flora asociadas. Los jardines que la naturaleza nos ofrece con su fuente de vida son para nuestro solaz y recreo; lugares para el ocio y los juegos, la creatividad y la imaginación, el ensueño y el paseo, la contemplación y el gozo de los sentidos. La mejor manera de conservarlos es controlar drásticamente el avance de las plagas cuando el propio ecosistema no lo logra por sí mismo, que es el caso. Nada más desasosegante que ir paseando entre pinos, con ese olor, y toparse con la imagen de los árboles enfermos, cuya mera visión acongoja; y el calor y la sequía no ayudan precisamente.

Cuando un bosque se muere, por mínimo que sea, hay que hacer todo lo posible por devolverle la vida; es nuestra responsabilidad, y si esperamos a que sea demasiado tarde, lo será de verdad y con todas sus consecuencias. Por eso supongo que podemos confiar plenamente en que se estarán buscando los recursos económicos, materiales y humanos para impedir que el avance de las plagas de nuestra sierra sea letal y definitivo. Aunque tampoco es extraño que puedan surgirle a una las dudas, especialmente al recordar la protección ofrecida a parajes tan singulares como el Humedal del Baíco. Habrá que salvar las distancias y mostrar el convencimiento de que la salvaguarda de nuestro patrimonio natural, seguramente más significativo que los de otras índoles, es el interés prioritario de quienes han de trabajar por que el interés general quede a salvo de inacciones, incapacidad o ineficacia. No nos queda otra que exigir una acción administrativa que impida el progresivo avance de unas plagas que, por otra parte, no sólo se dan en nuestro Parque Natural; por desgracia estamos ante un grave problema, no ya sólo local o autonómico, sino que se ha convertido en un auténtico quebradero de cabeza a nivel mucho más amplio. Estoy segura de que podremos seguir disfrutando con los bosques de pinares propios de nuestra Sierra de Baza, por muchos años y por muchas generaciones más. Acerquémonos a la naturaleza con el sagrado respeto que se merece, ella siempre nos recompensará con creces.