Por Lola Fernández.
Miro una fotografía de la Tierra tomada por un satélite y es tan evidente su redondez, sin que sea una esfera perfecta, que me parece increíble la ceguera mental de quien afirma tranquilamente que nuestro planeta es plano. Asusta la osadía de la ignorancia, cuando la sabiduría se expresa a veces con tanta timidez. Habrá algo más ignorante e inculto que no escuchar lo que dice la ciencia, me pregunto, aunque seguro que la realidad no dejará nunca de sorprenderme en ese sentido. Por salud mental procuro no hacer mucho caso a quienes hablan por hablar, sentando cátedra de lo que desconocen y evidenciando una y otra vez su desvarío. Mientras, veo con pesar en un vídeo cómo parte del puente romano de Talavera de la Reina se desploma por la crecida del río Tajo como consecuencia de estas fuertes y persistentes lluvias de marzo, que hace hablar a los meteorólogos de tren de borrascas,
y pienso que ese es el único tren que ha tenido a bien pasarse por nuestras tierras, lo cual es de agradecer, porque desespera a veces ver que llueve en todas partes menos aquí. Así que hemos de alegrarnos de que este mes, uno de los más húmedos en muchos años, haya sido también lluvioso por estos lares, aminorando el temor a la persistente sequía, aunque habría mucho de qué hablar al respecto. Leo, por ejemplo, que el Coto de Doñana presenta un grado de inundación no conocido en décadas, lo cual ha sido el detonante para la reproducción de las aves acuáticas, ante la inmejorable realidad presente de la marisma, pero, y aquí viene lo negativo, los expertos no pueden afirmar que el acuífero vaya a mantener las buenas perspectivas a más largo plazo, dada la sobreexplotación que no ha cesado en ningún momento, por más que los políticos prometieran que así sería: los pozos ilegales ahí siguen, y el peligro de creciente y progresiva desecación no está descartado en absoluto. No es sólo ignorancia, es pura delincuencia medioambiental, y unas leyes que no nos protege porque quienes han de aplicarlas no lo hacen, y sin necesidad de estar ajenos a la verdad, lo cual es aún peor, porque no se da ni la excusa del desconocimiento. Tampoco hay que irse hasta Huelva, que aquí cerquita tenemos el pantano del Negratín, y por más que llueva nunca alcanza los niveles ideales, a causa de tanto desembalse, y ahí lo dejo.

Por descansar un poco la mente, miro lo que pinté en el muro de una de mis terrazas en uno de esos escasos días en que marzo ha despertado con un día seco y sin demasiado frío o viento, y los colores aplicados con imperfectos trazos me dan un poco de alegría, lo cual no viene nada mal en estos tiempos caracterizados por esa ceguera mental, que me parece tan escandalosa que no sé ni cómo puede extenderse con tanta generalidad, pero que existe, digo que si existe: da igual que se esté hablando del clima, de alguna serie de moda, de los planetas, del rescate de astronautas atrapados en la Estación Espacial Internacional, del consabido cambio horario, o de cualquier tema que podamos imaginar, la cosa y el caso es que nunca se deja de escuchar o leer extravagancias que, por muy vestidas de normalidad que se presenten, no dejan de ser completamente anormales y que, en ocasiones, llegan incluso a asustar un poco, cuando no un mucho. Evadirse con las aficiones de cada quien no es mal consejo, sea leer, pintar, escribir, viajar, pasear, salir con los amigos, ver cine o televisión…; todo vale si nos sirve para desconectar y coger fuerzas, que es muy necesario si no queremos que el pesimismo nos atrape en estos momentos en los que hay demasiados motivos para que se haga presente.