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La Virgen de la Piedad es objeto de disputa tras su hallazgo, en el arrabal de la Churra, enterrada en el lugar donde don Luis de Acuña mandó levantar una iglesia. Fue un accitano, Juan Pedernal, quien estrelló su pico dañando la cara de una imagen que exclamó "Tened Piedad", para pasar a tomar ese nombre, y quien quiso llevársela con él a Guadix, ocasionando una disputa con sus compañeros en la obra que precisó de la mediación de las autoridades.

La decisión fue dejar la imagen de la Virgen de la Piedad en Baza, pero que fueran los accitanos los encargados de organizar las fiestas religiosas en su honor. Además, el 6 de septiembre, un representante de la Hermandad de la Virgen de la Piedad de Guadix, tratará de llegar hasta la Iglesia donde se acoge a la imagen, sin haber sido manchado y, si lo consigue, podrá llevarse consigo a la Virgen de la Piedad a la ciudad de Guadix.

El enviado no es otro que el Cascamorras, quien apenas iniciado el mes de septiembre se apresta a vivir unas intensas jornadas que aquí tratamos de reproducir:

Lunes, 5 de Septiembre

La ciudad de Baza ve terminar un día más que, sin embargo, no es un día cualquiera. Mañana se espera al Cascamorras y, ya se sabe, las buenas gentes bastetanas se echarán a las calles para impedir que el accitano se lleve la imagen de quien, con Santa Bárbara, comparte el patronazgo de la ciudad
Toca, pues, proteger el mobiliario urbano, vallar las fuentes del recorrido, tapar las fachadas... porque una "marea negra" realizará mañana el recorrido en el que acompañarán, y pintarán, al Cascamorras, desde el paraje de Las Arrodeas hasta la Iglesia de la Merced

Mientras, en la vecina localidad de Guadix, los preparativos pasan por despedir al representante de turno de aquel Juan Pedernal que viajará con la misma idea y, a pesar de la seguridad en los resultados, la Hermandad accitana sigue despidiendo a su Cascamorras y deseándole la mejor de las fortunas en su cometido.

La cita es en la Iglesia de San Miguel, donde el cohetero avisará a los accitanos y hasta donde llega el Cascamorras 2011, Antonio José Vera López, quien ya conoce al detalle la misión, pues hizo tres intentos previos al de este año, en 2002, 2004 y 2005. Allí se encuentra con otros Cascamorras que le saludan y le animan: Jesús Samaniego, Rafael vallecillos, Álex Baena... No está José Antonio Escudero, el Cascamorras 2010, que debía haber repetido este año y a quien una tan imprevista como necesaria operación de apendicitis le tiene aún con su herida abierta.

Pero no pasa nada. El sustituto, que sabe de qué va, ya llevaba años remoloneando con la suerte para volver a ponerse el traje multicolor y, aunque de prisa y corriendo, ahí ha estado cuando se le fue a buscar, aceptando con inmediatez la que sabe será inútil misión, para la que está mental y físicamente dispuesto y preparado.
Suenan los primeros cohetes y se forma la comitiva, encabezada por el banderín accitano de la Virgen, con las gentes de la Hermandad y el Cascamorras ataviado con traje de gala, al que acompañan su fiel tamborero, que siempre va a su lado, y la enseña de la Virgen con sus cintas multicolor

La salida de San Miguel no sólo no es numerosa, sino que se diría hasta casi íntima. Allí están los más allegados, de la Hermandad y de la familia; los amigos, algún que otro curioso y poca gente más, entre los que nos colamos algunos bastetanos a los que se nos recibe con agrado.

A medida que la comitiva avanza, se van sumando más personas y se abren balcones y ventanas al oír los sones de la Fanfarria Accitana que la acompaña con sus sones alegres y festivos. Este año, la Feria de Guadix acabó un día antes y el lunes ya no era día de echarse a la calle.

Poco a poco se va avanzando y se bordea la Catedral de la Encarnación, antes de acceder a la preciosa Plaza de la Constitución, la de las Palomas, mientras el grupo crece con nuevas personas que se incorporan. Justo a la salida, en el arco que lleva hacia la calle Ancha y a la altura del Ayuntamiento, se incorpora el alcalde accitano, que muestra alegría en su aspecto antes de tomar su cetro y ponerse junto al Cascamorras.
Cuando el grupo llega a la avenida Medina Olmos, camino del puente sobre el río, ya se deja ver que no hay marcha atrás, que serán muchos los miles de bastetanos que lo aguardan, pero que se va a intentar. Y a fe que parecen convencidos. Se diría que hasta lo están.

Y, mientras, siguen sonando los vivas a la Virgen de la Piedad, al Cascamorras y a Guadix, que no han parado a lo largo del recorrido. Eso sí, a Baza, ni nombrarla en esos vivas. Faltaría más.

Y así se llega hasta el puente donde finalmente hay un par de centenares de personas que se unen a los recién llegados y que observan como Juan López, el hermano Mayor, toma para sí la bandera y se dispone a entregarla al Cascamorras.

En un abrir y cerrar de ojos, la gente se arremolina y se agacha a los pies de un Antonio Vera al que se le ve con ganas y del que hasta se diría que no sabe lo que le espera, mientras él alza la bandera hasta el cielo y la hace ondear por encima de las cabezas que le jalean y lanzan los ¡¡oooooeeeeeeeeee....!! que indican que pasa sobre sus cabezas, dejándose oír el zumbido que produce.
Ha llegado el momento de la despedida y los deseos. Los mejores deseos, por supuesto. Se suceden los abrazos y las frases en las que nunca falta la palabra "suerte". Y es que, en el fondo, ni en la suerte se confía.
Así se acaba la ceremoniosa despedida y queda hecho el encargo. Cascamorras ha de tomar ahora camino hacia Baza y hacer todo cuanto pueda para llegar inmaculado hasta el Templo de la Virgen de la Piedad, la misma Virgen con la que tropezó el pico de aquel paisano suyo y que las circunstancias, las autoridades... y los negociadores de turno, qué vaya negociadores, acordaron para que se sucedan año tras año, en lo que es una Fiesta centenaria que vive en la actualidad sus mejores momentos, entre el cariño y la admiración de propios y ajenos; de accitanos y bastetanos y de cuantos van uniéndose a la Fiesta y que llegan ya desde los sitios más recónditos que uno imaginarse pueda.
Y no se hable más. La Fanfarria se abre, cual pasillo de triunfadores, para dejar pasar al que, al menos de momento, se ve como el héroe que va a realizar el milagro... porque como no sea con un milagro...
 
 

Martes, 6 de Septiembre

La mañana se deja sentir en Baza con ese sol de verano que sigue dispuesto a hacerse notar. Y, si en la víspera ya se tomaron las primeras medidas, las labores ahora se suceden en la misma dirección y se quiere dejar todo atado y bien atado, en lo que a protección se refiere, claro está.

Una protección que este año ha tenido un nuevo elemento en las calles de Baza, al menos en los lugares más emblemáticos, donde se ha esparcido una especie de serrín en el que las autoridades han confiado mejores resultados para mantener lo mejor posible el pavimento por el que pasa la carrera.

las teles y otros medios de comunicación ya están también por Baza y realizan sus reportajes sobre la Fiesta, mientras los bastetanos esperan informaciones bien documentadas y que no decepcionen en sus contenidos. Que sepan tratar la Fiesta, simplemente, como la Fiesta es.

Contento llega Vera hasta la Casa Consistorial, donde le recibe el propio Alcalde bastetano, ante quien, ciertamente, se muestra confiado en la labor a realizar que tiene por delante. Mientras, por las calles de Baza, y a pesar de la temprana hora, ya se ven los grupos que se preparan para su recibimiento y se dirigen a los puntos de encuentro con amigos y familiares.

Le acompaña una buen comitiva accitana en la que está, aún convaleciente, José Antonio Escudero, el elegido para el lugar que Antonio Vera va a ocupar, luciendo sobre su pecho el "Cascamorras es de todos" que nadie debiera olvidar.

Después, Antonio Vera entra en su papel definitivo y marcha al cuarto donde se ha de untar de vaselina que le proteja de lo que le venga después, mientras muestra orgullosos un físico que es garantía de su disposición y hasta se permite responder a entrevistas en momentos en los que ya viste el pantalón que pronto dejará de ser multicolor. No hay nervios y sí serenidad. Mucha serenidad. y es que, con esta, son ya cuatro las veces que ha pasado el mismo trance.

Mientras tanto, en Las Arrodeas se vive el ritual mágico de la preparación de los corredores que esperan a Cascamorras, confirmando la transformación del anterior "pintar· por el actual "pintarse"cuidando, eso sí, que al menos los cristales de las gafas queden despejados, que, después, el camino es largo y no es cuestión de verlo todo más negro de lo que en realidad es.
Así, los depósitos que aprovisionan de pintura se van quedando vacíos y empiezan a verse docenas..., centenares..., miles de personas que ya lucen su negrura de pies a cabeza y que acaban conformando las más bellas imágenes de lo que podríamos denominar las caras de la fiesta y con la sana alegría de que, por encima de paridades, los hombres y mujeres de Baza se unen en participación y en disfrute de una Fiesta que sabe dar cabida, en el sitio que se elija, a cuantos en ella quieren estar.
Y, entre los que están, no faltan nunca los excelentes fotógrafos bastetanos que se aprestan a captar las más bellas imágenes que luego adornarán las referencias a la fiesta y que volverán a dar muestra de ese tesoro bastetano con el que Baza cuenta detrás de muchas de sus cámaras.
A todo esto el reloj ha seguido corriendo y las expectativas por la llegada del accitano van subiendo de tono. La pintura parece que se agota, pero que nadie se preocupe que sobrará para destrozar las ilusas intenciones que aún pueda guardar el Pedernal de turno.
Ha sonado el primero de los cohetes que, como siempre, ha lanzado Miguel Fernández. Y el segundo también hace un rato que se oyó. Las miradas se van girando hacia el camino por el que ha de llegar el de Guadix, por donde algo de movimiento parece que se adivina.
Y aún quedan los que dicen que vienen "a pintar", Alcalde incluido, los que tratan de encontrar algo más de pintura... y los que llegan acompañando la enseña de la Hermandad accitana que han subido hasta arriba, a esperarlos, alargando el difícil recorrido unos cientos de metros más que en otras ocasiones.

Y, de pronto... un silbido inconfundible rompe el ambiente en lo más alto de la ciudad. El tercero de los cohetes recorre impasible el cielo, dejando una pequeña pero visible estela de humo blanco que finaliza con la explosión más bellamente sonora que hoy pudiera escucharse.

Comienza la carrera que casi ya podía darse por finiquitada, al menos en los objetivos de la expedición accitana. Aún no ha llegado el Cascamorras hasta donde siempre se le ha esperado y quienes se disputaban su cercanía han comenzado la faena, más que nada, para que no se haga tarde, porque aquí ya no caben los "por si acaso" que pudieran llevar a pensar en un Cascamorras inmaculado, ni esto tiene visos de cambiar en los próximos años.

Cascamorras ha sido ya pintado y se cumple con la tradición de que la Virgen de la Piedad ha de quedarse en Baza, un año más... y los que quedan, que dicen los cascamorreros.

 
Entonces, ¿la Fiesta ya se ha acabado? Ni mucho menos, la Fiesta sólo acaba de comenzar y ahora serán otras muchas personas las que quieran acercarse a pintar a Cascamorras, a tocarlo, a darle aliento, a mimarle en su camino hacia la Iglesia donde la Virgen espera su llegada.
Y se empieza con sólo el apretujamiento que permite el estrecho camino y que hace separa de la gran multitud, algo que permite a Cascamorras echar alguna carrera, cachiporra en ristre, algo que después será más dificultoso cuando se vea en medio de la gran "marea negra" que le acompañará en el resto del recorrido.
Siguen después unos momentos de pausa en los que Cascamorras llega a la altura de la gran multitud que le espera y que no quieren dejarlo pasar sin volver a pintarlo. Mientras, las primeras avanzadillas inician su carrera en la que los más jóvenes parecen ser los que van en cabeza de ese serpenteante apretujamiento que viene detrás y en el que tambor y bandera son los signos más identificativos para localizar al de la cachiporra.
Este año, tras el parón del inicio, parece que la carrera va más rápida que en otras ocasiones, algo que no acabará siendo así después. Quizá, por aquello de que las fuerzas están intactas, los primeros centenares de metros se ha aligerado algo más.
El esfuerzo realizado empieza a reclamar ayuda para reparar las energías que se han ido quedando por el camino, en una tarde en la que el sol calienta y en la que no falta el aliento y el agua para el Cascamorras que vuelve a emerger de entre la multitud, para jalear y ser jaleado y hacer de la carrera un disfrute del que sólo conocen los que la corren.
Los vítores y cánticos se siguen sucediendo mientras la carrera se acerca ya a la zona de la Plaza de los Toros y empieza a dejar notar que no iba tan rápida como parecía.
Y, a pesar de que la carrera se ha vuelto ahora más lenta, no es motivo de disgusto para los que van por delante, así que hasta los hay que empiezan a pedir reparador descanso, optando por aquello de que cualquier sitio es bueno, cuando ya la calle está tomada y, eso sí, sin perder la vista a lo que se puede venir encima, por lo que apenas son unos instantes de reposo.

Reposo que incorpora otros factores a una fiesta tradicional en la que bien caben muchas "modernidades", así que hay hasta quien se las ingenia con móviles super-plastificados al más puro estilo casero y que chorrean negrura por todo su entorno, pero que siguen funcionando, ya veremos hasta cuando, y que llevan las novedades de la carrera, o lo que se presente, hasta donde haga falta.

También los sigue habiendo que se empeñan a dejar su huella... o lo que sea, a lo largo del recorrido, en una actitud que bien merecería la pena repensarla y llevar a plantearse un Cascamorras que no acabe en la ciudad plastificada.

La jura de bandera en el final de la Avenida del Cascamorras, cuando el recorrido toma nombre de atleta, nos ofrece toda una demostración de que nos ha visitado un Cascamorras que es todo un experto en su papel. Antonio Vera, que hace su cuarta carrera en Baza, no consigue del todo el silencio deseado, pese a que lo intenta reiteradamente, pero sí el suficiente para acabar lanzando su emotiva dedicatoria de la jura de bandera que va a realizar "a todos los bastetanos que están viviendo este momento con nosotros, desde el cielo".
Estalla el clamor, se suceden los vivas, se renuevan los cánticos y las primeras avanzadillas reanudan su carrera que les ha de llevar hasta el antiguo y ya casi olvidado paso a nivel, a partir del cual se produce otra de las novedades de este año, consistente en encauzar, mediante vallas, el flujo de corredores que se dirigen hacia los Caños Dorados y salvaguardar así el nuevo paisaje que ofrecen la Alameda y la Plaza de las Eras, donde este año se ha pasado de largo por el nuevo monumento al Cascamorras, ahora renovado y ubicado un centenar de metros fuera del itinerario por el que va la comitiva.
Y en la Plaza de las Eras, lejos aún de conocer lo que ha pasado hasta entonces, pero esperando a tener unos cuantos años más, para saber qué es lo que pasa allá arriba, los espectadores más jóvenes de todos quieren gozar y ser cantera de una fiesta que algo ha de tener, cuando se ve lo que se ve, se oye lo que se oye y se siente lo que se siente.
Y ese sentimiento se nota en las caras de quienes de momento se han de conformar con ver pasar al Cascamorras También en el de los que hacen que otros puedan hacerlo también y dedican sus energías a que el disfrute y la fiesta lo sean, de verdad, para todos a costa de realizar impagables y hermosas tareas.
Se acerca ya la comitiva a los Caños Dorados y toca el momento de saborear, cual el mejor de los tabacos, uno de los instantes que mas expectación despierta a lo largo del recorrido, en el que los fieros leones de agua han visto tapados sus rostros y su entorno, pero ofrecen el baño al de Guadix... y a cualquiera que por allí se acerque, aunque de lejanas tierras vengan atraídos por nuestra Fiesta.
El apretujamiento ahora va a más. Se diría que casi se crea el milagro de un apretujamiento infinito y, por donde nadie más cabe... llega el Cascamorras.
Y se le lleva a la fuente, y se le baña, y se le canta, y se le grita y se le empieza a pedir que vuelva, como corresponde, a jurar bandera.
Bandera que requiere de un nuevo milagro que la lleve hasta donde se encuentra el de Guadix, mientras la "marea negra" se mueve en un sinuoso balanceo que tanto la acerca como la aleja, hasta que llega a producirse el encuentro.
Y entre toda la negritud, que llena el más mínimo espacio que imaginarse pueda, se alza la bandera bajo la que se agachan los más cercanos al Cascamorras y se jalea el ondear por el aire, que esta vez ya no se oye, pero que acaba como siempre, con los vivas de rigor, a los que suce
La salida se complica cuando se trata de hacer pasillo para "¡¡que corra Cascamorras!!" y el pasillo comienza justo por el lado contrario al que este se halla, lo que hace que su entorno se apretuje más y más y no pueda llegar hasta allí el hueco. Pero no pasa nada, la comitiva vuelve a ponerse en marcha y ya habrá otra nueva ocasión de que lo haga
Miles de comienzan a dirigirse ya hacia otros lugares. La calle Alhóndiga se pone "a reventar" de gente que busca llegar a Santo Domingo, a la Plaza Mayor y a los lugares por los que pasará Cascamorras tras recorrer Alamillos, Agua y Ancha. Y hasta los hay que ya han cogido sitios privilegiados a buen resguardo. El Arco de la Magdalena tiene ya el "cartel de lleno" en esos lugares.
En el patio del convento de la Merced también esperan ya la llegada del Cascamorras. Son pocos los que aguardan, pero muy próximos al accitano. Fuera, la plaza empieza a llenarse para observar como llega corriendo Cascamorras que esta vez, y cosa rara, más que precedido, va seguido por la multitud.
 
Una multitud que se acaba metiendo dentro de una plaza que ya estaba llena, culminando así un recorrido que ahora toca a su fin, cuando Cascamorras cruce la puerta del convento y la Fiesta se dé por acabada... en la calle.
Los gritos que reclaman la bandera vuelven a tomar fuerza en los miles de gargantas que saben que será la última jura de bandera, por lo que todos se aprestan a ello.
Ondea al aire la enseña de la Virgen de la Piedad en una Fiesta que no se quiere que acabe y en la que Cascamorras habrá culminado su inútil esfuerzo pero, paradójicamente, con la mayor de las satisfacciones. Y es que esta es la Fiesta... y el motivo que viene para el año que viene volver a estar aquí.
Con el último ondear de la bandera toca "rescatar" a Cascamorras y hacerle traspasar la puerta del convento, mientras la gente de Cruz Roja sonríe por el buen final y, otra vez más, la ausencia de incidencias y grandes y no tan grandes ofrecen en sus rostros la alegría que ha supuesto vivir un Cascamorras más.
Tras la puerta del convento, el patio es el escenario para el reencuentro de Cascamorras con los suyos, con su esposa, con su familia, con sus amigos... con su gente. Con ellos se comparte la alegría por la tarea realizada sin que, curiosamente, nadie hable de fracaso y todos viven con júbilo esos instantes.
La última verja lleva a Cascamorras a la ducha reparadora, en un pequeño cobertizo al que entra acompañado por alguien de su círculo más íntimo, para resarcirse de pintura y apretujones y para ver como, en apenas unos instantes, su cuerpo vuelve a estar limpio y sin señal alguna de cuanto acaba de acontecer
El tambor y la bandera no han corrido la misma suerte. Toca ponerlos a que les dé el aire y allí parece que permanecen olvidados de todos, como mudos testigos del camino recorrido y prestos a estar también listos, para lo que venga después. Los demás, comentan la carrera y sonríen satisfechos.
Cascamorras vuelve a vestirse de gala y a ofrecer su mejor aspecto con el vestido multicolor con el que se dirige a la Iglesia.
El templo, en día de novena, abarrotado de fieles, es mudo testigo de su comparecencia ante la Virgen de la Piedad. Después, recibe la medalla de la Hermandad de Baza que le impone su presidente y se dirige a cuantos le escuchan para volver a dar fe de su devoción a la Virgen de la Piedad.
Mientras tanto, la ciudad ha de volver a lucir su mejor cara. Ha comenzado la Feria y Baza tiene que ofrecer lo mejor de sí misma a quienes nos visitan. Se afanan los servicios de limpieza y poco a poco las calles y plazas empiezan a recuperar su mejor aspecto.
Los Caños Dorados vuelven a estar limpios, a falta sólo de volver a destapar su bella estampa. Plazas como la Mayor o la Merced esperan a que les llegue su turno y siguen mostrando las huellas de la Fiesta, pero, esta misma noche, quedará todo a punto. Hasta que pase un año.
 
 

Miércoles, 7 de Septiembre

El 7 de septiembre amanece en Baza con más de uno, y de dos..., intentando recuperar la normalidad en sus fachadas, mientras Cascamorras recorrerá los diferentes barrios de la ciudad, llevando la alegría a niños y mayores, jurando bandera allá donde hay un grupo que se lo pide y recogiendo donativos con los que sufragar los gastos que la Hermandad accitana tiene.
Es día también de hacerse fotos con el Juan Pedernal de turno y hacia él que se acercan todos, buscando la mejor de las poses y, sobre todo, el más entrañable de los recuerdos.
 
 

Jueves, 8 de Septiembre

La mañana del día 8 en Baza, día grande para la Virgen de la Piedad, tiene en la Cabalgata su punto culminante de la mañana y por las calles trata de pasar inadvertido el Cascamorras que hoy disfruta de unas horas de descanso.

No será hasta por  la tarde cuando tenga que acompañar a la Virgen, junto a la hermandad accitana, en la procesión que saldrá del Templo de la Piedad, así que es buen momento de compartir el tiempo con familia y amigos, entre los que no faltan, a su lado, otros Cascamorras que le siguen arropando.

 
Se trata de una procesión en la que las Hermandades de Guadix y Baza acuden hasta la antigua Casa Consistorial, hoy Museo Municipal, a recoger a la comitiva civil en la que van, con sus respectivos pendones, los Consistorios de Baza y Guadix
Junto a las corporaciones municipales de Guadix y Baza, están también a otras autoridades civiles, policiales y judiciales, que formarán parte del cortejo. Un cortejo procesional que contará con el Obispo de la diócesis de Guadix-Baza como máximo representante a nivel religioso. Junto a todos ellos, varios cientos de bastetanos y bastetanas, también gentes llegadas de Guadix y Hermandades de otras localidades de la zona y, como cada año... un verdadero gentío para acompañar a la Patrona.
Y, como es natural, ahí están el Cascamorras y la comitiva accitana, volviendo a acompañar y a honrar a la Virgen de la Piedad, en lo que será el último acto de este año, que dará inicio a volver a pensar en un nuevo retorno, cuando apenas haya empezado otro septiembre que permita soñar con un viaje a Baza que permita diferente retorno a tierras accitanas.
Apenas terminado el acto oficial, en el que los abanderados entregan los pendones a los respectivos alcaldes de ambas localidades, el Hermano Mayor de la Hermandad de Guadix vuelve a tomar la bandera para prepararla y permitir que Cascamorras realice la que seré su última jura de bandera en Baza. El júbilo y el vocerío impregnan el aire de la noche bastetana, mientras grandes y pequeños vuelven a oír pasar sobre sus cabezas la imagen de la patrona, en la enseña multicolor que hace ondear Cascamorras en la espléndida noche bastetana.
No faltarán después las nuevas muestras de cariño hacia el de Guadix, las precipitadas charlas con él cuando está a punto de marcharse. Nuevas fotos que permitan el recuerdo y, sobre todo, dejar muy claro que en Baza no se le puede recibir de otra manera y que se le quiere desde lo más profundo del alma bastetana.
 
 

Viernes, 9 de Septiembre

Pasada la festividad de la Virgen de la Piedad, el 9 de septiembre es la cita en la que el Cascamorras habrá de dar cuenta, a sus paisanos de Guadix, de lo inútil del intento que lo levó a Baza, tras la despedida del día 5, consumándose así lo que, en el fondo, todo el mundo pensaba: la Virgen de la Piedad se ha quedado en Baza, pues Cascamorras llegó al Templo habiendo sido manchado.
Los accitanos, en la tarde del 9 de septiembre, atraviesan el puente sobre el río pero no se quedan ahí. La cita comienza donde se ubican las primeras viviendas de la barriada de la Estación, un importante núcleo urbano de Guadix. Pasado el paso a nivel, sigue el camino hacia Baza y por allí ha de llegar Cascamorras, de vuelta a su ciudad.
Los accitanos ya saben del fracaso de la misión que le fue encomendada y ven como la comitiva llega ahora a la ciudad accitana. Cascamorras vuelve cogido a la bandera de la Virgen de la Piedad y acompañado por quienes le precedieron en el cargo y por las muchas personas que, pese a todo, le quieren y le arropan en lo que va a ser el rendir cuentas del anunciado fracaso.
Aún así, todavía se le permite que repose de la caminata que le ha traído desde tierras bastetanas y pasa al interior de una cueva en la que ya sólo le acompañan los más cercanos a lo largo de la misión que le trae de vuelta ahora ante sus paisanos.
Y allí están los hombres y mujeres de Guadix, dispuestos a hacer de la recriminación una nueva fiesta, al estilo de la tierra. El negror de la pintura bastetana se hace aquí más primitivo y es la almagra y el ocre los que dan el color a sus gentes. No faltan el azulete y alguna que otra colorida y moderna pintura, ni dejará de aparecer el blanco estruendoso de los merengues y la espuma que son las últimas incorporaciones en el retorno del accitano ante los suyos.
No faltan los niños que, precisamente, esta mañana vivieron su particular Cascamorras, el primero organizado para niños, en el que Jesús Samaniego ejerció como maestro de ceremonias para enseñar a los más pequeños cómo es la Fiesta y cómo se puede llegar a disfrutar tanto con ella.
Ese disfrute que se ve en los rostros de quienes esperan el estruendo del cohete que anunciará la salida del Cascamorras, que ha de atravesar ahora las calles accitanas, hasta llegar a la iglesia de donde partiera, San Miguel, donde por fin hallará el resguardo definitivo.
Suena el cohete y la avalancha se dirige hacia Antonio Vera que ve caer sobre él todas las reservas de quienes aguardaban su salida y que pronto le convierten en una figura andante de la que chorrean no sólo las substancias que portan, sino el sentir ce cuantos en torno suyo se arremolinan y, como en Baza, le dan también su cariño junto a cada "mijita" de almagra.
La recepción accitana no alcanza las cifras milenarias que se dan en Baza, quizá por aquello de celebrar una fiesta tras un nuevo y vano intento de recuperar la imagen que hallara Juan Pedernal. En el mejor de los sentidos, es casi una "celebración de perdedores" y eso también se ha de dejar notar.
La comitiva de Cascamorras recorre la inmensa avenida que le lleva hasta el puente, mientras los accitanos aprovechan que, por primera vez, la ciudad disfruta también de fiesta en el calendario, para echarse a la calle y vivir la Fiesta.
Y hasta el puente acaba de regresar el Cascamorras entre el júbilo de la multitud que disfruta con intensidad, que se implica y que muestra la presencia de numerosos jóvenes, entre los que tampoco faltan los niños, en lo que es un claro presagio de que Cascamorras sólo puede ir a más y que los próximos años será una Fiesta aún más grande.
¿Quien puede mirar todos estos rostros y no sentir que es el pueblo el que está de Fiesta?
Una Fiesta que nace en el pueblo mismo y de la que nunca nadie podrá hacer olvidar que CASCAMORRAS ES DE TODOS y que en ese "todos" tiene cabida todo el mundo. De Baza, de Guadix... y de los más recónditos lugares que quieran llegar a unirse a nosotros, como ya está sucediendo con quienes llegan a ambas ciudades atraídos por los ecos de la Fiesta.
Una Fiesta declarada de Interés Turístico Nacional y que va camino de superar nominaciones que la lleven a tener el reconocimiento Internacional, y más aún si cabe, pues una tradición centenaria, como lo es la de Cascamorras, ha de acabar siendo declarada como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.
Y, mientras la fiesta sigue, no olvidemos las caras de quienes están detrás de muchas de las cosas que ocurren en torno a ella y que, como cualquiera, disfrutan como el que más, empezando por un Cascamorras que siente el cariño de sus gentes y que disfruta, como el primero, de la Fiesta
A veces la multitud carga con él sobre sus hombros, a veces le permiten correr y mezclarse entre el tumulto de gentes que le acompaña, luciendo en ocasiones la cachiporra que aún dará a probar a algunos de los que se le acerquen.
Un Cascamorras que ahora se mueve entre la gente y corretea por las aceras, provocando la estampida general de los que van "limpios" y se ven sorprendidos por las salidas del presunto recorrido marcado, para el disfrute de cuantos por allí se encuentran y para que la fiesta sea aún más Fiesta.
La sorpresiva invasión casi deja desiertas las aceras. De pronto, aparecen los huecos donde había gente y parece que los espectadores son los que faltan en esta algarabía.
Pero pronto se retoma el itinerario y se encauza la comitiva hacia Medina Olmos, por donde buscarán el camino que les lleve hasta la Plaza de la Constitución
La bellísima Plaza donde se han incorporado la espuma que cae desde el mismo balcón del Ayuntamiento y unos merengues, ya casi tradicionales también, que ponen el contrapunto al colorido, cuando en torno al Cascamorras se arremolina aún más gente.
La salida de la plaza, atravesando el segundo arco, se hace esta vez a la carrera y se enfila, bordeando la Catedral, hasta el Palacio Arzobispal que también se ha hecho parada obligada en los últimos años, en el último tramo del recorrido
Y en el mismo Palacio se abre siempre una ventana por la que aparece el Obispo y hasta quien aúpan al Cascamorras que, esta vez, recibe emocionado un regalo que besa con sus manchados labios y con lo más limpio de su corazón. "Es un rosario que me entregó con sus propias manos el Papa", fueron las palabras que acompañaron el sobre blanco en el que se hallaba.
Tras la emoción, toca de nuevo arengar a la gente, dedicar una nueva jura de bandera y jalear todos y cada uno de los movimientos de la enseña.
Y acabada la jura, el camino se empieza a acortar cuando son los bomberos accitanos los que acuden a refrescar a los corredores, muchos de los cuales optan por bañarse en la fuente que recuerda el homenaje al singular y querido Cascamorras.

Emotivo el encuentro con quien debió jurar la bandera y no lo hizo por cambiarla por su paso por el quirófano, tras lo que se llega a San Miguel y esa jura de bandera se realiza por última vez, tras lo que la puerta entreabierta parece engullirse a la figura de un Cascamorras sonriente y feliz, lo que indica el final de la Fiesta.

Baza y Guadix, Guadix y Baza han vivido así un nuevo Cascamorras, Fiesta que hermana a dos grandes ciudades, a las que ahora sólo les queda ver pasar un año... para llegar a una nueva Fiesta y volver a gritar al cielo los vivas a las ciudades, los vivas a la Virgen y el deseo de que llegue una nueva Fiesta.